plantamos unas semillas y dejamos pasar el tiempo.
el tiempo con el crecimiento, es contrario que para con las penas.
con el crecimiento el tiempo lo que hace es incrementar, ir hacía más.
con la penas decrecer, ir hacía menos.
en nuestro caso, estábamos deseando ver crecer y crecer.
queríamos ver el fruto de nuestras semillas.
nos iba a hacer despegar, volar y aterrizar en el mundo más real posible.
un mundo en el que nadie hubiese pisado una hormiga.
un mundo en el que todo tenía su vibración y podíamos verla.
un mundo de respecto y cuidado con el entorno.
un mundo en el que la risa inundaba y a la vez controlaba.
volviéndose un sincontrol y una necesidad imperiosa de voz potente que dijera:
¡Mirad ese cactus!
la atención centrada en la vida, en la naturaleza, en el momento.
paseos de horas acompañando al alba conviviendo con seres queridos y rodeados de verde.
que te quiero verde.
volviendo al centro y despegando al mundoplanta.
música envolvente, humo verde, caricias en el brazo derecho... y respirar.
todo el tiempo del mundo en aquel instante.
y una dulce brisa marina entra por entre las piernas,
las hace sentirse libres a la vez que las va entrelazando y pintándolas de verde.
el sexo se cubre de verde, la barriga se cubre de verde, el pecho, la cara...
y la brisa marina no deja lugar a dudas...
te dejas mover cual planta, eres de su mismo color, tienes su misma textura...
¡te has convertido en planta!
-fin-
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