jueves, 26 de marzo de 2020

Exceso de palabras

Mis conversaciones, con los otros, se centran en la retransmisión del parte de salud, la rutina del día y el comentario de la nueva medida o  el número de contagios que llevamos. Cuando éstas se dilatan en el tiempo y las cervezas, también salen a flote los vicios individuales y el comentar la necesidad del deseo futuro de comernos la cara y el mundo a cachitos, cuando todo esto pase. 

Yo converso y escucho, atentamente, por necesidad de sociabilizar, de oír más voces, de saber cómo se sienten mis seres amados y empatizar con sus distintas situaciones y sentirme, sobre todo, conectada al colectivo.  AL COLECTIVO HUMANO que ahora mismo lucha hacia el mismo objetivo. Tenga la idea que tenga de lo que está pasando y de lo que vaya a pasar, lo que quiere el individuo es su vida en libertad. 

También pienso en otra gente que por el contexto que viva, puede que únicamente se acoja a estas conversaciones para para cuidar a otro que está lejos, para hacer soporte, para quejarse y evadirse de sus pensamientos, para denunciar malos tratos, para reclamar un dinero para comer…  y habrá gente que no tenga tiempo ni para ellas… ¡porque el tiempo es muy relativo!


Fijándome en las redes sociales, básicamente porque yo participio y me nutro de ellas, leo algunas conversaciones que despiden egocentrismo puro. Entro en Facebook y leo “LO QUE DE VERDAD TENEMOS QUE HACER”. Quien sea escribe su reflexión a modo de doctrina para todos, no simplemente para desahogarse, no, da consejos sobre qué hacer durante y después de esta crisis. Otros comentan lo mal que lo hace nuestro gobierno y lo bien que lo hace Macron. Otros hablan  de lo estúpidos que son los vecinos llamando la atención a otro vecino. Que si los perros sí los niños no.Los niños sí, los perros no. Los perros necesitan correr y los niños también. Luego está la gente que se llena la boca de “RECOMENDACIONES PARA UN MUNDO MEJOR”. Un mundo mejor según tu punto de vista. Y también está quien quiere despertarte de un aletargamiento debido al exceso de información falsa que transmiten los gobiernos y los mas media. 
Porque todos somos infantes a los que nos engañan y en el mundo quedan pocos adultos para discernir con criterio la verdad del engaño.


A mí, todo esto me parece fascinante ya que plasma el paternalismo en el que vive nuestra sociedad.

24 DE MARZO 2020

miércoles, 25 de marzo de 2020

La evolución. El día en el que desapareció el combo OLFATO GUSTO.

Los días han ido pasando y la perspectiva ha ido cambiando. 
Los aplausos de las ocho de la tarde, hay días que suenan fuerte y largo, hay otros que a penas se notan. Los conciertos desde las azoteas van variando de intensidad y duración… La gente está con altibajos. 
La que habla, está con altibajos.

Retrocedo en el tiempo para indagar en mi historia personal, la real para mí.

El viernes, 13 de marzo, nos dijeron que se iba proclamar el Estado de Alarma al día siguiente.    
Nosotros íbamos a celebrar un doble cumpleaños el día siguiente; el de mi pareja y el de mi padre.
Como es lo habitual en mi familia, teníamos proyectada una fiesta para ese sábado. Viendo lo que podía venir, resolvimos en celebrarla. Eso sí, antes, todos nos lo preguntamos, poniendo en duda el cómo proceder.
El sábado, 14 de marzo a las 13.30h, estábamos llegando a casa de mis padres mi hermana con su pareja, él y yo.  Besos y abrazos, cosa que nos habían alertado no hacer…pero descreímos totalmente… se comentó, siempre se comenta todo, pero el proceder siguió su camino, como de costumbre. Venga, ¡alegría para todos! Lo único diferente que se propuso es que cada uno comiese de su plato, eso de picar del medio no, no fuera a ser que nos contagiáramos del dichoso Coronavirus. Pasamos un día de fiesta como se entiende. Vermut, pica pica, comida rica, postres, licores, pastel, tabaco, música y baile…¡hasta discusión ebria!
Y a las 21h cada uno en su casa. Dieron el Estado de Alarma creo que a media noche. De modo que ya no nos hemos vuelto a ver más.

El domingo mi madre se levantó pachucha y mi cuñado también. El pachuchismo se convirtió en fiebre. Dos días de fiebre. En mi casa, mi pareja empezó a sentirse raro y yo empecé a sentir un fortísimo dolor de cabeza… Los síntomas han ido cambiando desde entonces pero en todos ha destacado la misma fatiga y la desaparición de dos de los sentidos: el gusto y el olfato.
¡Qué paradoja! 

El día en el que desapareció el combo Olfato Gusto. 
El placer más inmediato al que suelo recurrir estando un día tranquila en casa, es ir a la nevera, y ver qué receta puedo cocinar para el día, mientras, me preparo un mini aperitivo con olivitas  unas patatillas y una cervecita bien fría…  Saborear la comida (verduritas salteadas con semillas y ajo, paella de pescado, pasta con pesto, crema de calabaza con pipas,  sopas picantes, currys…) Y las bebidas (cafés con leche de coco, café sin leche, infusión de jengibre, zumo de naranja, cerveza, vino, vermú…)… ¡Ai, quién pudiera! 
Se me ocurren un sinfín de deliciosas combinaciones para todos los momentos del días…  

¡Y NINGUNA SABE A NADA!


23 DE MARZO 13:00h 

lunes, 23 de marzo de 2020

El día en el que se hizo el silencio y las calles se quedaron vacías


Desde la Lejanía se veía una neblina que lo iba cubriendo todo, 
a lo lejos.

Días de confusión, incertidumbre, incredibilidad, Aquí.
La gente, de Aquí, seguía con sus planes y propósitos para un futuro próximo, a mes vista. Los viajes, la escapadas de fin de semana. Todo normal, no pasa nada.

En la Lejanía, sus habitantes, empezaron a quedarse en casa de manera indefinida. Los vuelos se suspendieron, se levantó un hospital en diez días. Máscaras, guantes y desinfectantes…

Con el paso de los días la neblina iba espesándose y acercándose más y más a Aquí. 
Hasta que pasó a cubrir al vecino. 

Las maneras de hacer son tan diferentes. La incredibilidad seguía reinando en nuestro modus vivendi. Y la risa y las bromas eran nuestra manera de comunicarnos. De modo que seguíamos hablando de viajes, de reuniones, de cenas… de lo normal. Sin entender, sin querer ver, lo que se nos venía. Pero eso sí, agotamos las mascarillas, los desinfectantes y los guantes. 

A los pocos días la neblina tapó nuestros techos, supermercados abarrotados, colas y colas a cualquier hora del día. La crisis del papel higiénico. 

Y llegó el día en el que se hizo el silencio y las calles se quedaron vacías.
De ese día a hoy solo han transcurrido seis días y parece una eternidad. 


Aquí, desde mi humilde hogar veo al vecino como fuente de inspiración. Oigo sus palmas, sus conversaciones, el freír de su huevo, el perro que ladra, la niña que llora… por ahora hasta hoy, desde lo que ven mis ojos y oyen mis oídos, casi todo parece ir más o menos bien. Mi visión es reducida.

Azoteas llenas de gente haciendo deporte, balcones abiertos de par en par, por diminutos que sean, como el mío, utilizándolos cuál terracita de bar.  Más cerveza en casa que de costumbre, más de todo en casa que de costumbre. ¿Alguna vez hemos pasado 24horas con alguien encerrado tantos y tantos días? Yo no, yo nunca. Por suerte. Ahora es el momento. 

Y la red invisible que antes nos separaban de la vida real, es lo único que nos mantiene conectados a ella. Músicos que nos brindan con su arte ratitos de gloria. Monitores deportivos que nos mantienen activos. Museos, teatros, bibliotecas, filmotecas que nos abren a la cultura con un solo clic. Las videollamadas grupales con refrigerios en mano y mucho tiempo para hablar y monotema al canto.

[19 de marzo del 2020. 12:12h del mediodía]