lunes, 29 de febrero de 2016

con mochila y la loca

cuán relativo es el tiempo.
hoy hace justo un año era el mes siguiente.
y ese día que hoy se alarga en dos
empezaba un viaje sin retorno.

hoy puede confirma, sin retorno.

el valor del viaje 
nunca había sido tan potente como el de aquel, 
para ella.

pensaba que al volver, volvería a su vida 
y olvidaría...
el miedo a olvidar lo aprendido, 
la trastocó un día en las montañas...

¡ cuán absurda resulta esa reflexión hoy!
      
haciendo recorrido por entre sus entrañas...
cómo pensó en poder olvidar los olores, los sabores, las sonrisas, los miedos, los trayectos, los paisajes, las voces...
la sensación de no tiempo. 
de decisión constante. 
de libertad de movimiento.
el coger un mapa y buscar hacia dónde dirigirse. 
el añadirse a rutas o desvincularse...
¡cómo olvidarse!

viajar sola tenía sus ventajas... 
la decisión era personal, no había más consenso que para con ella misma.

en las montañas
un día la voz de otra la alarmó
la chica le contó:
" tras viajar sola por años, 
había descubierto que los recuerdos se quedaban en una misma.
no había momento de recordar con alguien las andanzas. 
el viaje moría."

ella, asustada por el devenir de sus memorias de viaje individuales...
anotaba las sensaciones, las vivencias... 
conservar las conservas frescas, pensó en su momento.

a los meses de volver del viaje...
         comprendió que recordar,
el echo de volver a pasar por el corazón, 
llevaba consigo la pérdida inminente.

tanto viajar sola como viajar acompañada, 
el recuerdo es solo recuerdo.

ella entendió que para ella
lo vivido se había quedado con ella,
no tenía que recordarlo,
porque ya se había acoplado a su ser, 
había decidido integrarse en su presente.
presente, simple.






domingo, 21 de febrero de 2016

a luz y nada

por las rendijas de mi ventanal de madera rota,
entra la luz cada mañana.
con ella, los sonidos vecinales me recuerdan que es hora de empezar el día,
el nuevo día.
" ¡a desayunar a desayunar! ¡todo el mundo está listo! ¡a desayunar!"
- recuerdos de la Bella de mi infancia-

   junto al ronroneo y los cabezazos de la Gata, me estiro, me levanto y me dirijo a la cocina.

enciendo el fuego, ¡sí! ¡fuego! (las cocinas modernas me dan un no se que de desconfianza). 
lleno la tetera de agua y al fuego. Pocos minutos después, el vapor de agua que sale por el orificio de salida del vapor de agua de la tetera, me grita y me dice ¡está lista para desayunar! 
                               exprimo medio limón y lo uno con este agua hirviente. Lo olvido unos minutos.
   mientras tanto, la sartén con función de tostadora, la rescato del cajón y al fuego, también.
    el pan, qué mejor opción de desayuno, lo dispongo a tostar. el olor a pan caliente, pan tostado... huele a buenos días, a calma, a placer, ¡ huele a comienzo!
     al mismo tiempo que va tostándose lentamente el pan, empiezo a dar unos buchitos al agua con limón. 
        y llega el turno del café. preparar una cafetera siempre me ha encantado. abrir el frasco donde conservo el café dentro de la alacena, olerlo, llenar la cafetera de agua, en su justa medida, colocar el café y prensarlo bien, cerrar la cafetera, ponerla al fuego y esperar el rico olor.

y cuando todo está listo me dispongo a gozar.

                                                                                                        ... un minuto después se acabó.

miércoles, 3 de febrero de 2016

cortes

dibujó las tijeras y lo cortó; así, como si nada.
                      había pasado tanto tiempo que el hilo parecía haber engordado mucho,
igual demasiado.

llevaban años alimentándose. retro-alimentándose y no soltando nada. 
la distancia era infinita y la conexión irrompible. o eso creían. por lo de irrompible, digo. 

y nada, sucedió.

              en poco menos de un hora corte aquí y corte allá. 

fin de la historia.

¿cómo te quedas?

relajada...                 ¿lo dudabas?



martes, 2 de febrero de 2016

lúcidas

cuando mejor me encontraba, sucedió.
                                                     me perdí.
después de lo que había sido lo mejor;
tocaban las penurias más penosas que mi cuerpo iba a sentir.
               el haber descubierto el mundo vibrante y movido por los impulsos del co-razón
la seriedad entre cementos me enloqueció.
la soledad y la sencillez era lo único que me parecía idóneo.
era en donde me encontraba.
sin embargo, me estaba convirtiendo en un erizo. 
mis púas cada vez más largas, más fuertes. 
mi interés en no ser vista. 
mi guarida como lugar preferido desde donde ver y analizar el mundo exterior.

                            y no.
las mariposas que vivían en mi empezaron a chillar.
no querían oscuridad, querían luz, querían ser vistas, querían ser luz-idas.

y ahí empezó la segunda parte.