Y mi hermana me invitó a pasar unos días en el paraíso.
Me desperté a eso de las cinco de la mañana, me preparé un café con leche calentito, lo metí en el termo de mi abuela, me cargué la mochila a las espaldas y llamé a un taxi que me hizo el favor de acercarme al aeropuerto. Digo "el favor" porque a esas horas cualquier cosa que me facilite la vida, es un favor.
Taxi, avión, autobús y ferry... Y por fin llegué a la bici que me estaba esperando en aquel puerto. Mi hermana mayor, su bici y la mía. ¿Una bici después de las mil horas que llevo de trayecto? ¡Sí!
El calor de un medio día de agosto me abrazó.
Y llegamos al mercado en el que se encontraban todas las amiguis de mi hermani. Y ahí empezó todo. Poco a poco fui introduciéndome a la dictadura de la "i".
Me desperté a eso de las cinco de la mañana, me preparé un café con leche calentito, lo metí en el termo de mi abuela, me cargué la mochila a las espaldas y llamé a un taxi que me hizo el favor de acercarme al aeropuerto. Digo "el favor" porque a esas horas cualquier cosa que me facilite la vida, es un favor.
Taxi, avión, autobús y ferry... Y por fin llegué a la bici que me estaba esperando en aquel puerto. Mi hermana mayor, su bici y la mía. ¿Una bici después de las mil horas que llevo de trayecto? ¡Sí!
El calor de un medio día de agosto me abrazó.
Y llegamos al mercado en el que se encontraban todas las amiguis de mi hermani. Y ahí empezó todo. Poco a poco fui introduciéndome a la dictadura de la "i".
- ¡Holi carissss! Ésta es mi hermani - dijo mi hermana.
- ¡Holiiiiiiii guapi! (al unisono) - contestaron todas sus amigas.
- ¡Holaaaa qué tal! - dije yo con mi voz más basta, soné como la rarita del lugar; en seguida corregí - ¡HoliiiiTa!
Al principio era de lo más cursi y absurdo. Su lenguaje no era apto para mí entre"amigui, titi, cari, chuchi, guapi, holi, hasta luegui, porfi..." No sabía que cara poner ni cómo contestar a semejante barbaridad pero...
- ¡Holi cari! ¿y tu titi?
- ¡Holi churri! Está de camino.
...
- ¡Amis! ¿qué hacemos esta tarde?
- Nenis... ¡playiiiiiiiii! ¡sisisi! chiringuiTo y bañiTo.
Pero cuánto más oía esas palabritas, más gracia me hacían y empecé a ponerlas en práctica. Descubrí la forma más sencilla para hablar todo el rato con una sonrisa en la cara.
Desde entonces la Dictadura pasó a ser el Paraíso, de la "i".