domingo, 21 de febrero de 2016

a luz y nada

por las rendijas de mi ventanal de madera rota,
entra la luz cada mañana.
con ella, los sonidos vecinales me recuerdan que es hora de empezar el día,
el nuevo día.
" ¡a desayunar a desayunar! ¡todo el mundo está listo! ¡a desayunar!"
- recuerdos de la Bella de mi infancia-

   junto al ronroneo y los cabezazos de la Gata, me estiro, me levanto y me dirijo a la cocina.

enciendo el fuego, ¡sí! ¡fuego! (las cocinas modernas me dan un no se que de desconfianza). 
lleno la tetera de agua y al fuego. Pocos minutos después, el vapor de agua que sale por el orificio de salida del vapor de agua de la tetera, me grita y me dice ¡está lista para desayunar! 
                               exprimo medio limón y lo uno con este agua hirviente. Lo olvido unos minutos.
   mientras tanto, la sartén con función de tostadora, la rescato del cajón y al fuego, también.
    el pan, qué mejor opción de desayuno, lo dispongo a tostar. el olor a pan caliente, pan tostado... huele a buenos días, a calma, a placer, ¡ huele a comienzo!
     al mismo tiempo que va tostándose lentamente el pan, empiezo a dar unos buchitos al agua con limón. 
        y llega el turno del café. preparar una cafetera siempre me ha encantado. abrir el frasco donde conservo el café dentro de la alacena, olerlo, llenar la cafetera de agua, en su justa medida, colocar el café y prensarlo bien, cerrar la cafetera, ponerla al fuego y esperar el rico olor.

y cuando todo está listo me dispongo a gozar.

                                                                                                        ... un minuto después se acabó.

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