Mis conversaciones, con los otros, se centran en la retransmisión del parte de salud, la rutina del día y el comentario de la nueva medida o el número de contagios que llevamos. Cuando éstas se dilatan en el tiempo y las cervezas, también salen a flote los vicios individuales y el comentar la necesidad del deseo futuro de comernos la cara y el mundo a cachitos, cuando todo esto pase.
Yo converso y escucho, atentamente, por necesidad de sociabilizar, de oír más voces, de saber cómo se sienten mis seres amados y empatizar con sus distintas situaciones y sentirme, sobre todo, conectada al colectivo. AL COLECTIVO HUMANO que ahora mismo lucha hacia el mismo objetivo. Tenga la idea que tenga de lo que está pasando y de lo que vaya a pasar, lo que quiere el individuo es su vida en libertad.
También pienso en otra gente que por el contexto que viva, puede que únicamente se acoja a estas conversaciones para para cuidar a otro que está lejos, para hacer soporte, para quejarse y evadirse de sus pensamientos, para denunciar malos tratos, para reclamar un dinero para comer… y habrá gente que no tenga tiempo ni para ellas… ¡porque el tiempo es muy relativo!
Fijándome en las redes sociales, básicamente porque yo participio y me nutro de ellas, leo algunas conversaciones que despiden egocentrismo puro. Entro en Facebook y leo “LO QUE DE VERDAD TENEMOS QUE HACER”. Quien sea escribe su reflexión a modo de doctrina para todos, no simplemente para desahogarse, no, da consejos sobre qué hacer durante y después de esta crisis. Otros comentan lo mal que lo hace nuestro gobierno y lo bien que lo hace Macron. Otros hablan de lo estúpidos que son los vecinos llamando la atención a otro vecino. Que si los perros sí los niños no.Los niños sí, los perros no. Los perros necesitan correr y los niños también. Luego está la gente que se llena la boca de “RECOMENDACIONES PARA UN MUNDO MEJOR”. Un mundo mejor según tu punto de vista. Y también está quien quiere despertarte de un aletargamiento debido al exceso de información falsa que transmiten los gobiernos y los mas media.
Porque todos somos infantes a los que nos engañan y en el mundo quedan pocos adultos para discernir con criterio la verdad del engaño.
Porque todos somos infantes a los que nos engañan y en el mundo quedan pocos adultos para discernir con criterio la verdad del engaño.
A mí, todo esto me parece fascinante ya que plasma el paternalismo en el que vive nuestra sociedad.
24 DE MARZO 2020
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