tratando de equilibrar los líquidos,
se helaron.
cómo y cuándo, difícil de concretar.
creo que nunca hubo motocicleta.
érase una mujer con unas lindas alas a las que dejó volar.
la vista de pájara fue el condicionante de tal despropósito.
y mientras limaba sus garras el tiempo volaba.
no había prisa, había tiempo.
la paciencia sin embargo no era su mejor aliada.
entre silbidos y lindas canciones pasaban los días de aquel cálido verano.
a la que el otoño se dejó entrever, los visillos parecían semicerrados.
la mujer cual pájara vulgar, quería buscar el calor para huir del duro invierno.
y siguió el rumbo marcado
recogiéndose y tapándose mientras esperaba la llegada de la cálida primavera.
la impaciencia jugaba un buen lugar en esta partida.
deseosa de calor y no consiguiéndolo, cogió su plumaje
y voló
allí donde el calor es inagotable.
se helaron.
cómo y cuándo, difícil de concretar.
creo que nunca hubo motocicleta.
érase una mujer con unas lindas alas a las que dejó volar.
la vista de pájara fue el condicionante de tal despropósito.
y mientras limaba sus garras el tiempo volaba.
no había prisa, había tiempo.
la paciencia sin embargo no era su mejor aliada.
entre silbidos y lindas canciones pasaban los días de aquel cálido verano.
a la que el otoño se dejó entrever, los visillos parecían semicerrados.
la mujer cual pájara vulgar, quería buscar el calor para huir del duro invierno.
y siguió el rumbo marcado
recogiéndose y tapándose mientras esperaba la llegada de la cálida primavera.
la impaciencia jugaba un buen lugar en esta partida.
deseosa de calor y no consiguiéndolo, cogió su plumaje
y voló
allí donde el calor es inagotable.
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