un mediodía de abril,
tras horas de entreno
llega a casa,
agotada y satisfecha.
enciende el fuego y pone a calentar la vieja tetera.
mientras, mira alrededor... todo blanco, luminoso, vivo.
presta atención y los pájaros del patio que se hablan entre sí.
el suave sonido de la tetera marca que el agua está lista.
con la infusión en la mano se decide a escribir.
escribir esas palabras que últimamente no había escrito.
" Qué bien estoy en casa. Qué bien estoy sola.
Conmigo, divirtiéndome cuál persona de pocos años."
El despertar de la conciencia, de su conciencia.
la tendencia la había llevado siempre a estar en fiestas rodeada de gente guapa,
bebiendo cava y calzando tacones, hablando de banalidades o de intimidades descontextualizadas.
siempre pensaba en lo bello del compartir pero a veces,
ese compartir era ceder, era dejar de ser quién era, era hacer cosas que ni fu ni fa.
el día que decidió que con quien mejor se lo pasaba era con ella... fue aquel mediodía de abril.
y desde entonces la sensación de soledad fue desapareciendo de su camino. entendió que esa no real sensación de soledad era sencillamente la necesidad natural de tribu.
y la tribu en las ciudades difícilmente se mantiene.
tras horas de entreno
llega a casa,
agotada y satisfecha.
enciende el fuego y pone a calentar la vieja tetera.
mientras, mira alrededor... todo blanco, luminoso, vivo.
presta atención y los pájaros del patio que se hablan entre sí.
el suave sonido de la tetera marca que el agua está lista.
con la infusión en la mano se decide a escribir.
escribir esas palabras que últimamente no había escrito.
" Qué bien estoy en casa. Qué bien estoy sola.
Conmigo, divirtiéndome cuál persona de pocos años."
El despertar de la conciencia, de su conciencia.
la tendencia la había llevado siempre a estar en fiestas rodeada de gente guapa,
bebiendo cava y calzando tacones, hablando de banalidades o de intimidades descontextualizadas.
siempre pensaba en lo bello del compartir pero a veces,
ese compartir era ceder, era dejar de ser quién era, era hacer cosas que ni fu ni fa.
el día que decidió que con quien mejor se lo pasaba era con ella... fue aquel mediodía de abril.
y desde entonces la sensación de soledad fue desapareciendo de su camino. entendió que esa no real sensación de soledad era sencillamente la necesidad natural de tribu.
y la tribu en las ciudades difícilmente se mantiene.
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